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18 abr. 2012

Foco en el 14º BAFICI Edgardo Cozarinsky



Edgardo Cozarinsky, Travelling Buenos Aires en el 14º BAFICI

Edgardo Cozarinsky siempre fue un cineasta y un escritor errante con un persistente interés por historias de personajes desplazándose de un lado a otro, buscando su lugar, movidos por el impulso propio y por el pulso de los tiempos. Pero cuando ha filmado una ciudad como centro dramático y emocional, esa ciudad ha sido Buenos Aires. Buenos Aires como movimiento, como desplazamiento, como mutación. La ciudad que es mirada pero también mira y se mira a sí misma. Travelling Buenos Aires intenta poner en relación tres películas de Cozarinsky sobre la ciudad, sobre su ciudad. No es una Buenos Aires en la que el cine busca la inmediatez, como en los clásicos de Manuel Romero, Leopoldo Torres Ríos o Arturo Mom. Tampoco es la Buenos Aires tempranamente nostálgica, como en los de Hugo Del Carril. Menos aún mítica, como en Invasión, o bélica, como en Pizza, birra faso. La Buenos Aires de Cozarinsky es una ciudad sin multitudes, más solitaria que desierta, y que se prepara para la cámara del director al anochecer, vistiéndose “de noche”, como la mujer que prepara su mejor vestuario para una ceremonia ritual y deseada. Estas tres películas de Edgardo Cozarinsky son tres películas sobre hombres solos que recorren una Buenos Aires anochecida, anocheciendo, trasnochada. Una ciudad recorrida con espíritu de ferocidad y desprecio (Puntos suspensivos), o con la mirada perpleja con que se mira a un fantasma o con la que mira un fantasma (Ronda nocturna), o con una voluntad por entretejer pasados y presentes de una ciudad que siempre parece más dispuesta a olvidar (Nocturnos). Mientras sus personajes recorren Buenos Aires, mientras deambulan y dibujan encuentros tan azarosos que parecen planificados, mientras nos hacen saber que su condición de insomnes no es algo que los castiga sino algo que los identifica, se va haciendo de día, momento en que los fantasmas deben irse, debemos irnos, a dormir.

… (Puntos suspensivos) (Argentina, 1971)
M. es un hombre común a quien vemos en su vida cotidiana y deambulando por la ciudad. Pero es, también, “un cura reaccionario, sobreviviente de la vieja derecha”, como bien lo caracteriza David Oubiña, alguien “rechazado por todos”. Podemos verlo no como individuo ni como psicólogo, sino como “un caso que ilumina contextos”, según palabras del propio director Cozarinsky. Si bien comparte un espíritu de época con otros films del llamado underground argentino de fines de los ‘60 y comienzos de los ‘70, y que abrieron trayectorias como las de Fischerman, Bejo, Ludueña y Filippelli, en Puntos suspensivos se despliega ya una figura que ha fascinado y marcado el cine posterior de Cozarinsky: la del personaje en convivencia incómoda con su época. La combinación de una trama ficcional más dispersiva que errática se homologa con materiales y discursos también heterogéneos. Una película a la que el tiempo le otorgó una visibilidad y una influencia impensadas.
MI 18, 20.30, Hoyts 2 / VI 20, 16.00, A. Francesa

Ronda nocturna (Argentina, Francia; 2005)
Cozarinsky concentra el relato de Ronda nocturna en una única noche. Esa noche es el marco, en una Buenos Aires a la que parece retornar Víctor (un taxiboy que cumple oficios nocturnos diversos, que hace del tráfico, en un sentido amplio, una forma de supervivencia) después de una ausencia o un largo sueño, para encontrar una ciudad que se ha vuelto fantasmal, paupérrima, quizá peligrosa. El paso de la noche al amanecer –como en las historias de vampiros– revelará la duplicidad del mundo, la cara realista y la cara fantástica, sin que Cozarinsky deje ver la manera en que lo logra, sin que medien más efectos especiales que un tono que va variando de modo tenue, casi imperceptible. Como en varias de sus películas anteriores, en Ronda nocturna el director vuelve sobre una historia de personaje solitario que busca descubrir cuál es su destino, pero da un paso más y lo sumerge en esa telaraña de relaciones que terminan por definir una familia posible. Las criaturas de la noche también padecen la soledad.
DO 22, 21.00, A. Francesa

Nocturnos (Argentina, 2011)
“Soy un conocido de la noche, he caminado bajo la lluvia, fui más allá de las últimas luces de la ciudad”, dice Luis, el errante personaje de Nocturnos, desplazándose por una Buenos Aires de contrastes brutales, habitada por aquellos que continúan del día a la noche y por aquellos que emergen al caer la luz diurna, por skaters y reclamos sociales, por una música de tango desperezándose y por aquellos –jóvenes o viejos, da igual– que florecen en calles y bares y plazas, por el centro y por los barrios. Como un travelling, vamos con un personaje que recuerda y reflexiona. Van apareciendo los fantasmas, los de un personaje que busca o intenta olvidar. Y los de Cozarinsky, que los deja venir, los convoca, como con Langlois, Fleischmann o Bowles-Burroughs –en Citizen Langlois, El violín de Rothschild, o literalmente en Los fantasmas de Tánger–, o ve casi con perplejidad cómo se materializan y desmaterializan –en Ronda nocturna–. Esta vez, los fantasmas, esos muertos-vivos se reúnen con este nuevo solitario de la galería fantás(má)tica. Y la ciudad alunada, inquietante, viva y vivida.
MA 17, 16.30, Hoyts 10 / JU 19, 21.45 San Martín 1

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