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10 oct. 2019

El peso del Universo (sobre "Reconstrucción de una ausencia", de Gonzalo Marull, en Patio de Actores)


El peso del universo, sobre "Reconstrucción de una ausencia"

Intérprete: Jorge Gentile
Dramaturgia: Gonzalo Marull
Puesta en escena y dirección: Marcelo Moncarz 

De las historias de familias en la que dos o más integrantes se suicidan salieron algunas de las más oscuras confesiones literarias, que siempre vale la pena recordar por su oscurísima belleza, pero de las cuales siempre es mejor recordar en la paz de la intimidad y evitar la triste maldición del suicidio, que es el misterio de su contagio. Por eso siempre del suicidio es mejor, dicen, hablar en voz baja. 
“La luna llena nunca es buena” dejó escrito Lili Sullos mientras ella y su hermano ponían fin a sus vidas. Y en el mundo de la literatura son tantísimos los que legaron a sus hijos la condena de finalizar sus vidas con sufrimiento antes de que la naturaleza defina: los Lugones, Horacio Quiroga, sus esposas y sus hijxs,  Ernest Hemingway y sus cinco generaciones de suicidas, y también en esta línea se ubica Raúl Barón Biza, su esposa y su descendencia, entre muchos otros. La trágica historia de Barón Biza es, además una historia repleta de pequeños datos que vuelven a su vida una odisea de excentricidad y locura. Hacer una obra teatral sobre una (gran) parte de su vida, y hacerla desde el dolor de la pérdida y con respeto, es un logro que sólo puede entenderse desde la obligación de hacerla con amor y en equipo: con la gente indicada.
   Gonzalo Marull, el autor de “Reconstrucción de una ausencia” es hijo del mejor amigo de Jorge Barón Biza, el hijo de Raúl, primero de los suicidas de la familia. Y cuenta la historia del amigo de su padre desde el oscuro lugar de la incomprensión, del secreto y en el intento responsable de tratar de generar una red de contención con el recuerdo de la tragedia y lo siniestro. Entonces es desde ese lugar es que se cuenta esta historia: el que puede (al que le salió “todo bien”, como dice en la dedicatoria de Jorge Barón Biza al padre de Gonzalo Marull, su mejor amigo) cuenta la historia del que no pudo (al que le salió “todo mal”, como termina esa misma dedicatoria) intentando reconstruir esa ausencia, en el pasado que ya no está, pero que dejó sus inevitables marcas.
“Pesan sobre mí, los escombros de una antigua demolición” dice Jorge Barón Biza, que también es su madre y que también es su padre. Y con este simplísimo y paradójicamente complicadísimo recurso Jorge Gentile encarna a la tragedia misma en tres personajes distintos, pero en el mismo cuerpo, como si tres tragedias pudieran caber en el mismo cuerpo y en el mismo espacio y desde la palabra del amor y la responsabilidad sanadora de que al horror pueda verlo el que lo padeció de visita, el que entra al horror a saludar a su amigo y lo trae de vuelta, aunque sea y sobretodo, en el recuerdo.

“Reconstrucción de una ausencia” de Gonzalo Marull, con dirección de Marcelo Moncarz y actuación de Jorge Gentile, en Patio de Actores.

Lucía Luna

 Reconstrucción_de_una_ausencia

Ficha técnico artística


¡¡ÚLTIMAS FUNCIONES DEL AÑO!!
Jueves a las 20:30 hs
en Patio de Actores

RECONSTRUCCIÓN
DE UNA AUSENCIA 

Basada en la historia real de Jorge Barón Biza

Intérprete: Jorge Gentile
Dramaturgia: Gonzalo Marull
Puesta en escena y dirección: Marcelo Moncarz 

"Nacer: el primero y el más terrible de todos los desastres"

"Yo era joven, para mi él era un amigo más de mi padre. No sabía dónde se habían conocido, qué hacía, dónde vivía. Sí sabía que era amante del arte porque lo acercó a mi padre al teatro, espacio que le era ajeno a pesar de tener un hijo involucrado en su hacer.  Eso siempre se lo agradeceré. Pasó su última Navidad en casa. Tiempo después,  cuando la curiosidad llegó a mi vida y comencé a conversar amorosamente con mi padre, supe que su amigo era Jorge Barón Biza y que su historia era similar a una mochila repleta de plomo o un vaso de ácido sulfúrico. Y que mi padre lo había querido mucho. Busqué en la mesa de luz de mi padre su novela, la abrí y vi la dedicatoria: "Para Alberto Marull, amigo desde hace 40 años. Yo hice todo mal; él hizo todo bien. Por eso lo admiro". Lloré desconsoladamente, y en ese instante supe que debía escribir una obra, que debía reconstruir una ausencia" Gonzalo Marull


Funciones:
Jueves a las 20:30 hs

Localidades:
Entrada general $350.-
Jubilados y Estudiantes: $300.-

Promo 2x1
Club La Nación
(cupo limitado)

Reservas en Alternativa Teatral

Patio de Actores, Lerma 568

20 sept. 2019

Seminario de escritura, por Jazmín Carballo



SEMINARIO DE ESCRITURA

NUEVOS GRUPOS Y HORARIOS

MARTES de 11 a 13hs
MIÉRCOLES  de 19 a 21hs 
JUEVES de 19 a 21hs

En La materia- espacio cultural-
(Malabia y Av Córdoba)
inscripción y consultas a jazcarballo@hotmail.com

"La piel de Elisa" en El Camarín de las Musas




LA PIEL DE ELISA
Basado en un texto de Carole Fréchette
Dirección: Silvina Katz

Los años dejan huella en la piel. ¿La sensualidad tiene fecha de vencimiento?
La piel guarda el registro de nuestra pasión, Elisa te invita a recrearlo

Actúan: Dana Basso y Lisandro Penelas
Cello en vivo: Fabio Loverso
Texto: grupo Los Pliegues basado en texto de Carole Frechette
Traducción: Daniela Berlante
Espacio: José Escobar
Vestuario: Ana Nieves Ventura
Fotografía: Akira Patiño y Micaela Perez Chapman
Asistencia de dirección: Vicky Brudny
Dirección: Silvina Katz

REESTRENO: DOMINGO 8 DE SEPTIEMBRE 18.30 HS.
Funciones: domingos 18.30 hs.
Duración: 55 minutos

EL CAMARÍN DE LAS MUSAS
Mario Bravo 960. Reservas: 4862-0655.
http://www.elcamarindelasmusas.com/
Entradas: $ 350, $ 280 (estudiantes y jubilados con acreditación)
2x1 menores de 30 años presentando DNI y Club La Nación

Sinopsis:
Una mujer en un bar, buscando la complicidad de los presentes, relata fragmentos de diversas historias de amor, propias y ajenas. Comparte sensaciones, imágenes, detalles de recuerdos íntimos. Un hombre joven le sugiere este ejercicio, con un propósito que se irá develando.
Con humor sutil en el transcurso de la obra, aparecerá el verdadero y oculto objetivo de la incesante necesidad de narrar.
Entre todos: personajes, músico y espectadores se van entretejiendo los distintos recuerdos, imágenes amorosas y relatos, cual tertulia.
Con música a cargo de un cellista, en vivo, se arma entre los presentes un bálsamo para asegurar o recuperar la pasión.

13 sept. 2019

Life in Vain- Daniel Johnston (1961-2019)

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Yo vi a Daniel Johnston cantar: temblaba, perdido de sí mismo, como esos dibujos en los que hace en los que hay seres que tienen las cabezas abiertas y no hay borde que evite el terror de la experiencia. Las canciones parecían a punto de romperse, como si aquello no fuera a seguir o a suceder, su mente convertida en un palacio de cristal inclinado sobre un abismo que desmoronaba.
Kurt Cobain usó una remera con un dibujo suyo que lo hizo conocido. A lo mejor los únicos que entienden a los rotos, son los que están a punto de romperse.
Daniel parecía pertenecer a la especie de los que grababan tapes, en otro tiempo en el que todo era casero y artesanal y precario y que se estira como lo es lo analógico; cintas electromagnéticas que patinan en grabadores al que les falta alguna tecla. Con tapas únicas dibujadas a mano. Los que hacen fanzines que pegan en collages con plasticola y van a las calles a dejarlos para que se los lleven o se los roben y a marcar las pistas de lo silenciado en las paredes que gentrifican toda vez que pueden los que nunca van a entender a los dañados.
La locura nunca es agradable, y entra sin pedir permiso y es un espanto tardío en el que no hay baile posible. No es reconocible, porque todo lo demás reconocido no es más que una farsa a la que juegan los que son tan fríos que es imposible que se vuelvan locos. Los que frecuentan playas de veraneo, y los que compran en shoppings y aplauden a las fuerzas y las jerarquías de lo instituido y que trabajan por mala paga en oficinas sin ventanas y escapan para fumar cada media hora porque no pueden con el humo que les empaña la cabeza.
Creo que ya sabía de él, y del documental, y del artista al que lo internan, y de sus dibujos y de una voz improbable, costosa, doliente, con una pronunciación a punto del ceceo porque lo pasamos en Alta Fidelidad cuando salíamos por Radio de la Ciudad, o acaso un poco más tarde.
Pero no hay fidelidad posible en la tristeza, aunque estemos lo suficientemente lúcidos para pagarnos una bebida, para irnos de vacaciones, para creer que podremos pensar algo de manera correcta, para que no te afecte aquello que te lastima, de una manera que no puedas dejar de pensar en eso hasta que todo sea esa locura.
Yo vi a Daniel Johnston cantar. Creo que todos los que estábamos ahí no pensábamos cuánto debe haber dolido estar en un avión, dudar, y renunciar, y llegar al escenario y casi no, y estar ahí un rato, al límite de lo que cantarías, mientras los otros, los que miramos, los que te miran son espectadores un tanto morbosos que nadan en el dolor ajeno.
Pero estamos absolutamente lastimados y al no ser como Daniel vamos por ahí, ignorando a los otros infelices arrojados a las calles que mendigan un acto automático, a la deriva de su propia miseria.
Alguien que vio a Daniel Johnston cantar es probable que creyera que era mejor verlo a él porque a lo mejor no se derrumbaba ahí mismo en el escenario y al salir luego esquivó indemne a los locos que se te tiran encima pidiéndote monedas a cambio de textos mal cortados de papeles mugrientos escritos por otros, o tiras de chicles vencidos o chocolates sin sabor que extraen de cajas cuando miran a otros lados como si todo los persiguiera porque a lo mejor los único locos que quedan bien para nuestro esnobismo vacío son los que paren poesía en los circuitos de culto mientras no se derrumben como los de la calle.
Creemos que nos compadecemos o que podemos sentir así, pero ellos están infinitamente peor y la única manera de entender ese lado es haber estado ahí, y la verdad, no es un paraíso para turistas que gastan sin culpas sus excedentes en paisajes exóticos que los distinga del vulgo al que aspiran a no pertenecer.
Charles Bukovsky escribió
Y si las moscas usaran ropa
y todos los edificios ardieran en
fuego dorado,
si el cielo se sacudiera como
en la danza del vientre
y todas las bombas atómicas empezaran a
gritar,
alguna gente sería joven y nada más
y alguna gente sería vieja y nada más
y el resto sería lo mismo,
el resto sería lo mismo.
Los pocos diferentes
son eliminados bastante rápido
por la policía, por sus madres, sus
hermanos, y otros
por sí mismos.
Lo que queda es lo que
ves
es duro.
Pero no dijo que la mayoría de las veces, nosotros, los que nos creemos sensibles porque escuchamos a un hombre que se deshace enloquecido y a punto de morir al desafinar canciones de amor que hablan sobre chicas que él desconoce y que no lo recuerdan, canciones que le susurran a amigos imaginarios que no han estado nunca en el Mac Donald`s en el que trabajaba cuando intentaba regalar o vender cassettes regrabados en la oscuridad de la casa de sus padres, nosotros, en el fondo, somos de una especie inconmovible. Nosotros: que no somos más que esas madres y hermanos y policías de los que habla Bukovsky y nuestra piedad es una comida que se deshace fácil y de todos modos como nos cantara Daniel, vivimos vidas en vano y no vamos a ningún lado.

Roberto Camarra

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3 sept. 2019

Estreno 5/9 - "Paternal" de Eduardo Yedlin -




"PATERNAL"
Un film de  Eduardo Yedlin
Estreno 5 de septiembre

Sala
Cine Gaumont
12:00 hs
19:30 hs

Ficha técnica
Título: "Paternal"
País: Argentina
Duración: 77 minutos
Año: 2019
Idioma: Español / Inglés / Portugués

Calificación
ATP











Imagen que contiene interior, pared, persona, sentado

Descripción generada automáticamente

Sinopsis
Uno de los cien barrios porteños, Paternal es muchos a la vez. Futbol y rock & roll en el aire, hebreos y bodegas abandonadas. De Paternal era Manuel Roitman, un excelente pantalonero. Allí vivían con su esposa Susana. En 1968, en la kermesse de la escuela del barrio sus hijos ganaron una guitarra. Ese día, la madre decidió que uno de ellos sería músico.
Años después Isidoro se graduó en música antigua en una afamada academia de Inglaterra. Su hermano, Adolfo desde la infancia soñaba la Antigüedad, la historia lejana. Se graduó en Antropología en la Universidad de Buenos Aires, en plena dictadura. En las aulas se hablaba del "Bien" y del "Mal", del enemigo. Él se refugiaba en sus estudios de rabinato.
En 1987 emigró a Israel donde hizo su postgrado en estudios interreligiosos, siempre con honores. Y en Jerusalén se fascinó con el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX, los Rollos del Mar Muerto, la Biblia más antigua jamás hallada. Desde 1994 es el curador de ese tesoro, el exégeta y divulgador de los mensajes contenidos en esos trozos de piel animal de más de dos mil años de antigüedad.
Los rollos fueron escritos por los Esenios, una tribu de los primeros exilados en la Historia. Y guardados en ánforas selladas para preservar su mensaje por siglos. Adolfo Roitman lucha apasionadamente por la concordia entre los pueblos, difundiendo e Interpretando el contenido de los Rollos.
Vive entre dos mundos según sus propias palabras. Entre la época de Jesús y el mundo de hoy, problemático y febril. Entre su pasión por el fútbol y digitalizar los rollos junto a Google...
Habla de Maradona como de un Dios en la Tierra. De los estadios de fútbol como modernos Templos, espacios sagrados. Quiere cumplir el sueño trunco de su padre, que entre sus libretas de sastrería anotaba fantasías de improbables  guiones...  y su propio sueño,  de paz entre los hombres.


Eduardo Yedlin - Director
Nació en Buenos Aires el 28 de Febrero de 1960, realizó estudios terciarios de Fotografía y Cine en Haifa, Israel. Fue Docente en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad del Cine.
Desde 1983 se dedica a la Industria Audiovisual, primero como camarógrafo y editor; y luego, realizando y produciendo documentales entre los que se encuentran: "La Escuela" (2005), "El País del Diablo" (2008), "Montenegro" (2011), "Sans Souci" (2014/2015) y "La Fidelidad" (2015/2016). Actualmente se encuentra realizando el documental "Dos Gringos".

Sobre Paternal

Hace años leí una nota sobre un célebre antropólogo argentino. Hebreo y de La Paternal, de humilde origen y singular tesón, tras enorme esfuerzo había llegado a un lugar en su profesión que lo hacía único.
Era el guardián de un tesoro de la Humanidad. Imaginé un iluminado. El Doctor Roitman: el argentino que custodia los rollos del Mar Muerto (escritos de dos mil años de antigüedad,  con una vigencia furiosa) añora estas calles, ese estadio en el que se deslumbró viendo jugar a su Dios del futbol. 
Le escribí y conté mi idea de hacer una película sobre su vida, "descubrir" el ser humano que hay detrás del académico. El, fue Rabino para conocer mejor los escritos sagrados; estudió griego y latín, para leer de las fuentes a los pensadores... Es un distinguido especialista de un momento mágico de la historia: El apogeo del Judaísmo y el nacimiento del Cristianismo. El Universo que gira a su alrededor es infinito: el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas... De pronto se entusiasma y fundamenta -con autoridad- que los ídolos de los estadios y las pantallas globales son los dioses modernos. Me gusta, nos entendemos... Mi vínculo con la religión es bastante crítico , cito a Cortázar que decía que el único lugar donde imagina a Dios es en la Tierra... Admiro su energía, el confía en la mía... Sueño con el documental, lo siento y lo empiezo a pensar...
Paternal no solo es el barrio de la Ciudad de Buenos Aires donde Roitman nació, fue a la Escuela pública y vió jugar a Maradona en el estadio que hoy lleva su nombre. Paternal es además aquello que nace de nuestros padres...  Eduardo Yedlin

Equipo técnico

Dirección 
Eduardo Yedlin

Producción
Eduardo Yedlin / Néstor Frenkel

Guión
Roberto Barandalla / Eduardo Yedlin

Fotografía y cámara
Pablo Zubizarreta/ Diego Poleri / Iván Gierasinchuk

Montaje
Roberto Barandalla / Ernesto Felder / Omar Ester

Dirección de sonido
Victor Tendler

Música
Luz Nobili Frenkel


Protagonista

Adolfo Roitman


Adolfo Roitman nació en Buenos Aires en 1957, donde obtuvo la licenciatura cum laude en Antropología. Tras concluir su máster cum laude en Religiones Comparadas, se doctoró en Literatura y Pensamiento Judío Antiguo en la Universidad Hebrea de Jerusalén. El rabino Roitman es graduado del Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer (Buenos Aires, Argentina).
En 2005 le fue concedido el título de Doctor Honoris Causa por el Rocky Mountain College (EEUU). En el año 2014 le fue otorgada la Medalla de Oro por la Facultad de Humanidades de la Universidad Anáhuac, México.
Desde 1994, este prestigioso investigador es el curador y director del Santuario del Libro del Museo de Israel en Jerusalem donde descansan los manuscritos del Mar Muerto.